La agricultura española ante la nueva PAC
En el Consejo de ministros encargado de negociar el Presupuesto y en la Cumbre Europea, en el Consejo Agrícola siguen con los debates de la futura PAC, pendientes eso sí de que se fije su asignación presupuestaria. Se puede establecer una doble definición: la de agricultor sin más y la de agricultor activo. En la última reunión del Comité Especial de Agricultura (CEA), celebrada el día 8 de junio, los expertos de los Estados miembros dieron su visto bueno a la redacción propuesta por la presidencia chipriota. De acuerdo con la misma, un agricultor sería «una persona física o jurídica, o un grupo de personas, que explota una explotación cuya actividad principal es una actividad agrícola». Mientras tanto, hay más dificultades para cerrar la definición de agricultor activo, un asunto más sensible y polémico porque es el que tendría derecho a recibir las ayudas de la PAC. En este punto una gran parte de los Estados miembros quieren que sea voluntaria. En relación con este apartado, la Comisión Europea ha advertido que, si se descarta la introducción obligatoria de una definición de agricultor activo, convendría considerar otros mecanismos para garantizar que las ayudas de la PAC se destinen efectivamente a los beneficiarios que más las necesiten.
Mientras prosiguen esos dos debates como actuaciones políticas de fondo, en paralelo hay otra serie de temas más urgentes. Entre ellos está el de las ayudas por los fertilizantes. Finalmente, la Comisión Europea ha presentado el pasado día 12 de junio su propuesta con medidas a corto plazo para ayudar a los agricultores por la fuerte subida del precio de los abonos a consecuencia del conflicto en Oriente Medio. En lo que respecta a las ayudas que saldrán de la reserva agrícola, finalmente serán 540 millones de euros los fondos disponibles. Los Estados miembros podrán complementar la partida que les corresponda hasta con un 200 por cien de fondos nacionales. Según los cálculos de Bruselas, sumando todas las cantidades se podría llegar a un apoyo financiero total de 1.500 millones de euros.
Sin embargo, el gran impuso del “campo europeo”, se debe realizar reduciendo la gran cantidad de imposiciones y prohibiciones que se han implementado para supuestamente aplicar La Agenda 2030, que lo que de verdad ha provocado es un gran deterioro de la competitividad del sector primario europeo.
LA ECONOMÍA MUNDIAL CRECERA UN 3,1% EN 2026.
La economía mundial vuelve a sufrir un Shock de oferta negativo provocado por la guerra en Oriente Medio. El encarecimiento de las materias primas, unas expectativas inflacionarias más firmes y unas condiciones financieras más restrictivas están poniendo a prueba la resiliencia del último tiempo. El conflicto ha tenido una duración limitadoa, por el reciente establecimiento de la paz; por lo que El FMI estima que el crecimiento mundial sea del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, por debajo de los resultados recientes y muy por debajo de los promedios previos a la pandemia. Para 2026 se prevé un leve aumento de la inflación general, que retomaría su trayectoria descendente en 2027. Las presiones se concentran en las economías de mercados emergentes y en desarrollo, sobre todo en los importadores de materias primas que ya presentaban vulnerabilidades. Los riesgos son claramente desfavorables. Un conflicto prolongado, una fragmentación geopolítica más acusada, una decepción respecto a la productividad impulsada por la IA o el recrudecimiento de tensiones en el comercio podrían debilitar el crecimiento y desestabilizar los mercados. La fuerte deuda pública y el deterioro de los márgenes de maniobra para la aplicación de políticas agravan la vulnerabilidad. Las políticas deben fomentar la adaptabilidad, la credibilidad y la cooperación internacional.
Para garantizar un crecimiento intenso y sostenido de la economía mundial sería necesario finalizar también la Guerra de Ucrania, y favorecer el libre comercio internacional eliminando las trabas al mismo, especialmente los aranceles, en caso contrario este se puede desacelerar significativamente en los próximos años.
LA MITAD DE LAS JOVENES ESPAÑOLAS NO QUIEREN SER MADRES.
Según una reciente ponderación de encuestas internacionales efectuada por el Instituto de Estadística de Turquía, el 65% de las mujeres de Corea del Sur afirma no desear descendencia, seguida de Japón con un 58%, Alemania un 52%, Italia un 51% y España un 49%. El estudio, que compila datos de organismos como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Pew Research, YouGov e IPSOS, sitúa a España como quinto país con mayor porcentaje de mujeres que declaran «no quiero tener hijos».
Nuestro país se sitúa por delante de otros países occidentales como Reino Unido (47%), Francia (44%), Canadá (43%) y Estados Unidos (42%). En el extremo opuesto, aparecen países como Nigeria (11%), Filipinas (19%) e India (21%). La tendencia es una realidad histórica, pero los últimos datos números han alarmado a demógrafos y sociólogos.
«Una cosa es que haya un pequeño porcentaje de mujeres y hombres que no quiera tener niños, algo normal, que toda la vida ha existido, sin consecuencias para la viabilidad futura de las sociedades, y otra muy distinta es lo que pasa ahora en el mundo desarrollado. En España, la tasa de fecundidad lleva años por debajo de 1,2 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para mantener la población.
De hecho, la pérdida de españoles por más muertes que nacimientos, con un crecimiento vegetativo negativo cercano a los 200.000 autóctonos, está siendo tan intensa que, de mantenerse las pautas actuales, los nativos, es decir, los hijos de madre española pasarían de 37,4 millones en 2026 a 20,8 en 2076, dentro de 50 años, pasando su edad media de 47,3 a 58,8 años. Es decir, que habrá menos nacionales y serán mucho mayores. Así se desprende de la proyección realizada, basada en los últimos datos del INE.
Factores como el alto coste de la vivienda, la precariedad laboral, la conciliación imposible y el cambio cultural hacia la priorización de la carrera y la autonomía personal explican, según los expertos, este rechazo creciente de la maternidad.
La tendencia es clara en los países más desarrollados de Europa y Asia Oriental, en donde una parte significativa de las mujeres, especialmente las menores de 35 años están optando conscientemente por no ser madres.
El Gobierno de España, por su parte, ha prometido nuevas medidas de incentivo a la natalidad, como la ampliación de permisos parentales y deducciones fiscales, aunque hay analistas que advierten de que, sin cambios estructurales profundos en el mercado laboral y la vivienda, así como sin revisar las políticas de aborto libre, será difícil revertir una tendencia que ya se observa en toda la Europa meridional. Muchos informes recientes apuntan a un aumento del childfree (sin hijos por elección) entre las mujeres occidentales. España, según este ranking, se sitúa a la cabeza de los países de habla hispana y se consolida como uno de los territorios europeos donde más mujeres deciden no tener hijos.
La pérdida de nativos españoles ya es una realidad de un tiempo a esta parte. La población nacida en España y que tiene una edad de entre 20 y 39 años ha caído en 4,57 millones en tan solo dos décadas. Si en 2003 había 12.408.592 personas en esa franja de edad vital para la sostenibilidad de un país, en 2024 había 7.837.194, lo que supone una reducción del 36,8%. Es decir, la población joven autóctona se ha reducido a la mitad. No es el único dato demoledor. Desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, hay 621.466 españoles menos y 2.703.938 extranjeros más. La inmigración masiva no es la solución, los inmigrantes no frenan el envejecimiento social, solo ralentizan algo su desarrollo.







