Una gran oportunidad para reforzar la seguridad energética y abaratar la luz
España está a punto de abrir un nuevo capítulo en su transición energética gracias al primer gran concurso para instalar energía eólica marina. No se trata sólo de añadir más megavatios renovables al sistema sino que, bien diseñada, la eólica marina puede convertirse en una pieza estratégica para reducir la dependencia energética exterior, estabilizar los precios eléctricos y fortalecer la seguridad de suministro durante décadas.
Pero ese resultado no está garantizado. El diseño del concurso —qué se subasta, cómo se retribuye, dónde se ubican los parques y qué exigencias se imponen a los promotores— determinará si la eólica marina española se convierte en una historia de éxito o en una oportunidad desaprovechada. Por el momento, la apuesta por la energía eólica marina responde a compromisos climáticos y estratégicos europeos. La UE aspira a multiplicar por cinco su capacidad offshore para 2030 y alcanzar centenares de gigavatios en 2050.
España, con un enorme recurso eólico en sus costas, no puede quedarse al margen. Sin embargo, nuestro país presenta una singularidad decisiva: la plataforma continental cae abruptamente, lo que obliga a recurrir mayoritariamente a aerogeneradores flotantes, una tecnología aún más cara y menos madura que la eólica marina fija utilizada en el Mar del Norte. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) prevé instalar entre 1 y 3 GW offshore antes de 2030 y hasta 7 GW en 2050. Es una potencia modesta en comparación con otros países, pero suficiente para iniciar una industria nacional con fuerte potencial exportador.
Cómo y dónde está diseñada la planificación de la éolica marina
Según los documentos publicados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD), el procedimiento previsto se basa en una subasta competitiva similar a la utilizada para otras renovables. Los promotores competirán principalmente por precio —cuánto cobran por cada MWh producido— aunque también podrán valorarse criterios no económicos como impacto ambiental, innovación o contribución socioeconómica. Entre los elementos clave del diseño destacan:
- Subasta de potencia instalada, no de energía
- Sistema de adjudicación pay-as-bid (cada ganador cobra lo que ofertó)
- Precio máximo de reserva (confidencial)
- Limitación del peso de un solo grupo empresarial
- Reserva previa de capacidad en la red de transporte
- Plazos largos de ejecución (hasta una década o más)
El régimen económico pretende ofrecer ingresos predecibles durante décadas, algo imprescindible dada la enorme inversión inicial. No obstante, la viabilidad económica dependerá de factores externos difíciles de controlar como son la inflación en los materiales, tipos de interés, disponibilidad de buques de instalación o evolución del precio de la electricidad.
Precisamente, la cuestión de los costes de una tecnología no madura es la clave. La eólica marina flotante sigue siendo cara. El coste estimado de generación (LCOE) en Europa se sitúa en torno a 350 €/MWh en proyectos iniciales, aunque se espera una fuerte reducción conforme aumente la escala y madure la tecnología. Pero la realidad es que en los últimos años, el sector se ha enfrentado a aumentos del precio de las materias primas (acero, cobre, semiconductores…), incrementos de los costes laborales, subidas de los tipos de interés o tensiones en la cadena de suministro global, entre otras vicisitudes. Estos factores han presionado la rentabilidad y han obligado a replantear proyectos en varios países. Si España quiere evitar retrasos o cancelaciones, el diseño del concurso debe reconocer esta realidad económica.
Además de los precios, la otra cuestión central es el “dónde”. Las zonas de alto potencial eólico ya están delimitadas por los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), que equilibran desarrollo energético y protección ambiental. Las áreas prioritarias se sitúan en: Galicia, Asturias, Cataluña (Golfo de Roses), Andalucía oriental y las Islas Canarias. La recomendación dada en los últimos meses por los colegios de Ingenieros Industriales es no concentrar el despliegue en un único lugar, sino abrir varias zonas simultáneamente para fomentar competencia, diversificación geográfica y estabilidad del sistema eléctrico.
La eólica marina como pieza que casa con el resto de las renovables, junto al almacenamiento
Más allá de los objetivos climáticos, la eólica marina puede reforzar la seguridad energética española de varias maneras. En primer lugar, reduce la dependencia de combustibles fósiles importados.
España importa gran parte de la energía primaria que consume. Generar electricidad a gran escala con recursos propios reduce esa vulnerabilidad. En segundo lugar, complementa a la solar fotovoltaica. El viento marino suele soplar más en invierno y por la noche, cuando la producción solar cae. Esto ayuda a equilibrar el sistema.
En tercer lugar, diversifica la generación, situándola cerca de grandes zonas costeras de consumo e industria. Por último, puede integrarse con almacenamiento y producción de hidrógeno verde. Sin embargo, no podemos olvidar que la eólica marina también es intermitente. Sin medidas adicionales, no puede garantizar por sí sola la firmeza del suministro. Precisamente, uno de los elementos más importantes para que la eólica marina contribuya a la estabilidad del sistema es el almacenamiento energético. Las baterías —cada vez más baratas— y las centrales de bombeo reversible permiten desplazar la producción a las horas de mayor demanda, evitar vertidos de energía renovable y suavizar la volatilidad de precios.
En algunos mercados, los sistemas renovables híbridos ya compiten con centrales de gas en costes totales. Sin esta capa de flexibilidad, la entrada masiva de renovables puede provocar episodios de precios muy bajos o incluso negativos cuando hay exceso de generación.
Qué debería incluir el concurso para abaratar la electricidad
Si el objetivo es reducir los precios eléctricos a largo plazo, el diseño del procedimiento debería incorporar varios elementos clave. Los proyectos offshore requieren de inversiones multimillonarias con plazos de recuperación que van desde los 20 hasta los 25 años. Sin seguridad jurídica y previsibilidad de ingresos, el coste del capital se dispara y, con él, el precio final de la electricidad. Un marco estable reduciría el riesgo y, por tanto, el precio ofertado en la subasta.
Dado que la construcción puede tardar una década, es razonable permitir ajustes del precio adjudicado vinculados a variables objetivas como inflación industrial o costes de materiales. Sin ello, los promotores incorporarán primas de riesgo elevadas desde el principio. Aquí está la principal vía para no repetir los errores del RD 661/2007 que estableció un sistema blindado para el desarrollo renovable, el cual le costó a España generar un déficit tarifario superior a los 30.000 millones de euros.
Subastar varias zonas y limitar la concentración empresarial ayuda a obtener mejores precios. Aquí entran en juego dos factores fundamentales como son, por un lado, la capacidad de evacuación (tener red suficiente para conectar la nueva generación) y, por otro lado, disponibilidad de almacenamiento sea en hidroeléctrica reversible o en baterías. La gestión de la generación es tan importante como la gestión de la demanda para crear un sistema con predictibilidad.
Más allá de la electricidad, la eólica marina puede impulsar sectores productivos como la construcción naval, logística pesada, ingeniería offshore, fabricación de componentes o I+D en plataformas flotantes, entre otros. De ellos, España cuenta con ventajas comparativas importantes en construcción naval y en ingeniería de renovables. Si se gestiona bien, el país puede convertirse en exportador de tecnología offshore, no solo en productor de energía.
Conclusiones: calendario y calidad institucional
Finalmente, dos últimas cuestiones relevantes. Una, los plazos de desarrollo de un parque eólico marino flotante son largos: entre siete y diez años desde la adjudicación hasta la puesta en marcha, debido a trámites ambientales, fabricación, financiación y limitaciones meteorológicas.
Y dos, la eólica marina no es una panacea inmediata para abaratar la luz. Hay que huir de los discursos populistas al respecto. Sus costes iniciales son elevados y su despliegue será gradual. Pero a medio y largo plazo, la eólica marina puede convertirse en un pilar del sistema energético español si existe la seguridad jurídica necesaria basada en un marco regulatorio realista, estable y ajustable a la realidad de la maduración de este tipo de tecnologías. El concurso que está a punto de abrirse no es sólo una licitación administrativa sino que es mucho más.







