China, el renacimiento tecnológico que reconfigura el tablero global
En cuestión de meses, las grandes tecnológicas chinas han pasado de ser un símbolo de incertidumbre regulatoria y desconfianza inversionista a convertirse en uno de los motores más dinámicos de los mercados globales. Septiembre marcó un punto de inflexión: las cotizaciones de gigantes como Alibaba, Tencent y Baidu alcanzaron sus niveles más altos desde 2021, en un gesto que va mucho más allá del mero optimismo bursátil. Lo que estamos presenciando es el inicio de un nuevo ciclo tecnológico chino, impulsado por la inteligencia artificial, la reorganización corporativa y una estrategia estatal más pragmática.
Durante años, la sombra de la represión regulatoria —particularmente dura entre 2021 y 2023— había hundido las valoraciones del sector y alimentado una narrativa de estancamiento. Sin embargo, Pekín ha cambiado de tono. Las autoridades entienden que la innovación es un activo estratégico y que, en un contexto de competencia con Estados Unidos, no pueden permitirse asfixiar al sector privado en el mismo momento en que dependen de él para lograr la autosuficiencia tecnológica. Los recortes de tipos del Banco Popular de China, la flexibilización de normas sobre datos y la recuperación del consumo digital han actuado como palanca para que la confianza regrese. Los inversores han interpretado este giro como una señal de que la etapa más dura ya ha tocado fondo.
Gráfico: Evolución de las tecnológicas chinas (Hang Seng) con respecto a las americanas (Nadasq)

Fuente: BNP Paribas
Pero si hay un elemento que ha redefinido la percepción del sector, ese es el auge de la inteligencia artificial. Proyectos como DeepSeek o los avances de iFlytek y Baidu en modelos de lenguaje han devuelto a China una narrativa que creíamos debilitada: la de una potencia capaz de competir con Silicon Valley en el terreno más estratégico de todos. El despegue de la IA generativa no solo despierta entusiasmo inversor; es también un mensaje político. En un entorno de restricciones estadounidenses sobre semiconductores avanzados, China está demostrando que puede innovar, adaptarse y sortear las limitaciones externas.
Este renacimiento tiene protagonistas claros. Alibaba, reestructurada en seis divisiones, intenta recuperar la agilidad perdida. Tencent refuerza su ecosistema de pagos, videojuegos y servicios de IA aplicada. Baidu consolida su papel pionero en conducción autónoma y modelos fundacionales. Y Huawei —convertida en símbolo de resistencia tecnológica— ha logrado situar de nuevo su marca en el mapa con el chip Kirin y una gama de teléfonos que retan abiertamente las sanciones estadounidenses. Junto a ellos, emergen compañías menos visibles pero con enorme potencial: SenseTime en inteligencia artificial aplicada, SMIC en semiconductores nacionales, y XPeng o Li Auto en el sector del vehículo eléctrico inteligente. No sería extraño que algunas de estas “tapadas” acabaran siendo los nombres propios de 2026.
Gráfico 2: Ratio HSTECH / NASDAQ 100

Los sectores que liderarán el crecimiento en 2025 y 2026 ya están definidos: IA, semiconductores, biotecnología y vehículos eléctricos. China quiere dominar la electrificación global, acelerar la digitalización industrial y consolidar una autonomía tecnológica que considera vital en un mundo fragmentado en bloques. Esa fragmentación marca también su estrategia exterior. Frente a un Occidente cada vez más receloso, las tecnológicas chinas buscan expansión en Asia, Oriente Medio, África y América Latina, regiones donde su propuesta de valor —alta calidad a bajo coste— resulta especialmente competitiva[1].
Sin embargo, este nuevo ciclo no está exento de amenazas. El marco regulatorio chino sigue siendo opaco y cambiante; la relación entre el Estado y las grandes plataformas continúa marcada por un delicado equilibrio. A nivel internacional, la presión geopolítica no disminuirá: sanciones, vetos, aranceles y exigencias de transparencia seguirán limitando la presencia de empresas chinas en mercados occidentales. Persisten, además, dudas sobre la protección de datos y la propiedad intelectual, un flanco reputacional que pesa en las alianzas con empresas globales.
Pese a todo, negar el resurgir del ecosistema tecnológico chino sería ignorar una realidad evidente. China está entrando en una nueva fase de madurez digital en la que ya no solo produce hardware a escala, sino que compite en innovación algorítmica, software avanzado y biotecnología. Su ambición es clara: ser una potencia tecnológica integral, no subordinada a las cadenas de valor dominadas por Occidente.
Lo que ocurra en los próximos dos años será determinante. Si China logra consolidar este impulso, el mapa tecnológico global será irreconocible en 2026. Y quizá, dentro de no mucho, dejaremos de preguntarnos si las big tech chinas pueden competir con las estadounidenses para empezar a asumir que esa rivalidad definirá el futuro del orden digital. China ya no solo está de vuelta: quiere liderar el próximo capítulo.
[1] “Low-cost Chinese AI models forge ahead, even in the US, raising the risks of a US AI bubble” https://www.chathamhouse.org/2025/11/low-cost-chinese-ai-models-forge-ahead-even-us-raising-risks-us-ai-bubble







