España pierde peligrosamente competitividad

Aunque la economía española ha crecido por encima de la media europea, en los últimos años; nuestra mayor inflación diferencial nos está restando competitividad frente a los principales países de la OCDE.

Según el índice del Banco de España que mide la capacidad de competir, “tipo de cambio efectivo real” el año 2025 se situó en los 106,86 puntos

Este indicador, sobre una base de 100, refleja la situación relativa de precios o coste de la economía española con

respecto a las distintas áreas económicas con los que se comercia. Cuanto más se eleva el índice, la competitividad cae en la misma proporción; este tiene en cuenta los costes laborales y los diferenciales de inflación, con los diferentes países.

En el año 2023 estaba situado en los 105,7 puntos, lo que significa una pérdida de competitividad de 1,2 puntos en tan solo 2 años.

En efecto, la falta de reformas estructurales que favorezcan la competencia está perdiendo a nuestra estructura productiva, cuyos costes además se ven incrementados continuamente por la subida del SMI, la elevación de cotizaciones sociales y de impuestos, con lo que está perdida de competitividad se debe sobre todo a razones de política económica y no a circunstancias propias de las empresas.

La perdida de competitividad es un problema europeo, si bien especialmente grave en España, la solución en gran medida pasa por una profunda revisión de la Agenda 2030, reduciendo los costes y las restricciones que estable.

 

EL DIFERENCIAL DE INFLACCIÓN ENTRE UEM Y ESPAÑA.

El IPC de la Zona euro se situó en el 1,7% interanual en el mes de enero, lo que representa una bajada de tres décimas, situándose por debajo incluso del objetivo de estabilidad de precios del BCE que este fijado en el 2%. Se trata de la cifra más reducida desde septiembre del 2024.

Asimismo, la inflación subyacente bajo, aunque solo una décima hasta situarse en el 2,2% interanual, la menor desde octubre del 2021.

Estos datos no son comparables homogéneamente con los del año pasado, puesto que como advierten algunos analistas, recoge modificaciones metodológicas introducidas por Eurostat, por la actualización de las clasificaciones de consumo inducido y por la ponderación estadística; si bien en cualquier caso la razón fundamental

de la bajada del IPC se debe al efecto base por el descenso del precio de la energía.

El IPC en España se redujo al 2,4% en enero, por la menor subida de la energía, puesto que la inflación subyacente se mantuvo estable en el 2,6%; lo que pone de manifiesto la dificultad de reducción del núcleo duro de los precios.

Este diferencial de precios entre la Zona Euro y España, se mantiene desde hace unos meses, lo que representa una pérdida de competitividad relativa de nuestro país respecto a nuestros principales socios comerciales.

La baja inflación en la UEM abre la posibilidad de alguna posible reducción de los tipos de interés del BCE, en los próximos meses.

 

GRANDES INVERSIONES EN I+D FARMACEUTICO.

Las compañías farmacéuticas destinaron 1.775 millones de euros a inversión en I+D en España el año pasado, según las estimaciones de la “Encuesta de I+D en la industria” de Farmaindustria. Esta cifra, basada en datos aportados por los laboratorios en el último trimestre del año, supone un aumento del 7,7% respecto a los 1.647 millones de 2024, y del 40% en los últimos cinco años.

La partida de I+D con mayor cuantía, ya con datos confirmados de 2025, es la de los ensayos clínicos con 1.003 millones de euros, un 11,4% más que el año anterior.

La inversión en las fases tempranas (I y II) ya supera el 38% de la inversión en estudios. Estas fases, que requieren mayor nivel de complejidad científica y hacen posible el acceso de los pacientes a las nuevas terapias de forma más prematura, también han crecido de forma paulatina en los últimos años.

La partida ejecutada directamente en los centros de investigación de las propias compañías (I+D intramuros) alcanzó los 931 millones de euros, el 57% del total en I+D del sector. Además, la industria destinó 716 millones a contratos de investigación con hospitales, universidades y centros públicos y privados (I+D extramuros).

La industria farmacéutica emplea a más de 56.000 personas de forma directa y hasta 270.000 sumando empleos indirectos e inducidos.