Cada vez somos menos productivos

La productividad por trabajador de la economía española volvió a situarse por debajo de los niveles previos a la pandemia al cierre de 2025. Los análisis económicos advierten desde hace trimestres que la caída de las horas trabajadas impide que esta variable avance en España y así lo constatan los datos a cierre de año actualizados recientemente por Eurostat, en los que el país queda por debajo de la media europea y anota su peor resultado respecto a los países de la UE. de los tres últimos años.

La oficina europea de estadística utiliza la media de los 27 del año 2020 para comparar la evolución de la productividad en los países de la Eurozona y la Unión Europea, en la que España queda en un 97,6 (por debajo del 98,5 y el 98,6 de los dos años anteriores). Una puntuación que se sitúa muy alejada de los valores registrados por Irlanda, que llega a duplicar la media europea, o Bélgica que supera el 130, España también queda por debajo del resultado de Francia o Italia.

De estos datos se desprende que el país perdió casi un punto en la comparativa europea en 2025, año en el que se crearon más de medio millón de puestos de trabajo, lo que los análisis económicos suelen señalar como un crecimiento expansivo de la economía, por el que el mismo trabajo se reparte entre un mayor número de personas, sin que se produzca una ganancia significativa en la productividad del país. Un comportamiento que está directamente relacionado con el número de horas que trabaja cada ocupado.

La jornada media desarrollada por trabajador en el último trimestre de 2025 se situó en 32,6 horas, un promedio que ascendía a 36,1 horas al poner el foco solo en los que habían trabajado esa semana. Más de dos millones de empleados no habían acudido a su puesto de trabajo en ese periodo, según reflejó la Encuesta de Población Activa (EPA) y más de un millón de ausencias estaban amparadas por una baja por accidente, enfermedad o baja por incapacidad temporal, como consecuencia del incremento de los procesos que se ha registrado en los años posteriores a la pandemia.

 

EL TURISMO SIGUE SIENDO EL MOTOR DE NUESTRA ECONOMÍA.

El turismo mundial, puede aumentar su contribución al PIB global pasando de los 9,86 billones de euros en el 2025 a los 10,2 billones de euros. Todas las regiones se anotan alzas excepto Oriente Medio, donde la caída será del orden del-14,5%.

Por lo que mientras la economía global crecerá un 2,8%, el sector lo hará en un 3,2%, y pude llegar a crear 465 millones de empleos este año.

En el ámbito internacional, destaca la caída de las visitas y especialmente del gasto de los turistas en Estados Unidos, una tendencia que se invertirá por el efecto tractor del Mundial de Fútbol que organiza Norteamérica y se jugará en México, Canadá y la propia EE. UU. así como por las celebraciones por los 250 años de independencia.

También es destacable el empuje del sector en China, favorecida aún por la recuperación post-covid. “Además, han acelerado las políticas de visados, con la aprobación de visados de tránsito por diez días, y por el impulso de las inversiones en infraestructuras.

El sector turístico fue el gran motor de la economía española el pasado año y mantendrá esa tendencia este ejercicio beneficiado por el conflicto en Oriente.

La aportación del sector al PIB nacional pasará de los 247.750 millones de euros el pasado año a previsiblemente los 257.000, lo que representaría un crecimiento del del 3,7%. Tras un 2025 que fue récord, el sector turístico español pude lograr los mejores resultados de su historia, según el “Informe de Impacto Económico” del Consejo Mundial de Viajes y Turismo.

El PIB del sector de los viajes y el turismo español pasará así de representar el 15,3% del total en 2025 al 15,5% este año. Las proyecciones previstas para 2036, apuntan a que los viajes y el turismo en conjunto aportarán el 16,6%, con un crecimiento promedio del 1,9% en el decenio, hasta alcanzar los 310.700 millones de euro.

La previsión es que se bata los 96,8 millones de llegadas internacionales registradas en 2025, aunque será el incremento del gasto de los viajeros internacionales en España, de 1.144 euros por visitante, lo que favorezca sobre todo el récord.

 

LA GUERRA PERJUDICA TAMBIÉN AL SECTOR SANITARIO.

La guerra en Irán empieza a dejar sentir sus efectos en las plantas europeas de fabricación de productos sanitarios y medicamentos, con retrasos logísticos y un aumento de los costes que preocupan al sector. Por el momento, en España no se ha producido ninguna alerta de desabastecimiento vinculada al conflicto, aunque la industria se mantiene atenta ante el posible agravamiento si la guerra continúa. La industria farmacéutica está vigilante del impacto que podría tener el conflicto en Oriente Medio.

La patronal Farmaindustria ha advertido de que si la situación se prolonga podría reproducirse un escenario similar al vivido con la guerra de Ucrania. Entonces, las farmacéuticas asumieron un impacto de más de 900 millones de euros por el aumento de los costes energéticos y el encarecimiento de las materias primas.

La guerra no tiene un efecto directo sobre la actividad de los laboratorios, pero sí acarrea consecuencias indirectas relevantes. El aumento del precio de la energía, las materias primas y transporte internacional aumenta los costes de producción y distribución de los medicamentos. De hecho, algunas compañías ya han preparado planes de contingencia ante este escenario. Además, Farmaindustria ha advertido de que podría producirse desabastecimiento de medicamentos.

El conflicto en Oriente Medio ha llegado a triplicar los plazos de entrega de los principios activos e ingredientes necesarios para producir medicamentos genéricos. Y es que, este escenario está tensionando una cadena de suministro ya frágil, poniendo en alerta a toda la industria farmacéutica. Irán no es un gran productor mundial de principios activos. No obstante, los laboratorios de genéricos dependen en gran medida de materias primas petroquímicas y de rutas logísticas que atraviesan Oriente Medio, lo que convierte el conflicto en un riesgo sistémico.

El sector ha subrayado que el principal problema no es la producción directa, sino el aumento de los tiempos logísticos y de los costes. El estrecho de Ormuz y los grandes hubs aéreos del Golfo son infraestructuras clave para el transporte de principios activos y precursores fabricados en India y China, de los que depende buena parte del mercado europeo de medicamentos sin patente. Este escenario derivaría en problemas de suministro si la guerra se prolonga.

Por otra parte, el helio es imprescindible para las resonancias magnética. Desde la Sociedad Española de Radiología Médica han apuntado a escasez de este gas. El principal proveedor de la Unión Europea es Qatar. Estados Unidos es el otro gran proveedor y estaría encareciendo los costes debido al aumento de la demanda.