La oferta de vivienda es insuficiente

El último Informe Anual del Banco de España vuelve a constatar que España necesita más viviendas. La realidad es que nuestro país lleva años creando más hogares de los que es capaz de absorber con nueva oferta residencial. La demanda crece impulsada por factores demográficos, económicos y migratorios, mientras que la producción de vivienda avanza a un ritmo insuficiente. El resultado no es solo tensión en precios, es un sistema que funciona por debajo de lo que la sociedad necesita.

Este diagnóstico ya no es discutido de forma relevante por casi nadie. Organismos públicos, expertos y empresas coinciden en que el problema del mercado residencial no está en la demanda, sino en una oferta que no llega ni en volumen ni en tiempo.

Tampoco estamos ante un fenómeno coyuntural ni ante una situación comparable a la crisis de 2008. Entonces el origen estaba en los excesos financieros y de un ciclo claramente desordenado. Hoy, el contexto es distinto: financiación más prudente, compañías más sólidas y una demanda que responde a necesidades reales; precisamente por eso, el problema es más estructural que entonces.

El primer cuello de botella es conocido, pero sigue sin resolverse el suelo; sigue siendo la materia prima de la vivienda y su transformación exige plazos que no se corresponden con la urgencia actual. A esto se añaden unos tiempos de tramitación urbanística y de concesión de licencias muy desiguales entre territorios, que introducen una incertidumbre que el mercado no puede absorber indefinidamente.

En este contexto, asumir que el desarrollo urbano puede responder a horizontes de veinte años resulta cada vez menos realista. La redensificación no solo es una opción válida, es una palanca necesaria para aumentar oferta en plazos compatibles con la realidad del mercado.

El acceso a la energía y la capacidad eléctrica. Un problema que se está convirtiendo en el nuevo elefante en la habitación. No es razonable acelerar el inicio de un ámbito nuevo o de una promoción si después su puesta en marcha depende de plazos que no están en manos del propio sector.

La conclusión es evidente. La vivienda no llegará antes si cada fase del proceso funciona con tiempos distintos y sin coordinación real entre ellas. Y esa falta de sincronía no es un problema técnico menor, es una de las principales causas del déficit actual.

Para facilitar la producción de vivienda, unas 250.000 al año, eliminar fricciones, simplificar procesos y permitir que el capital, el conocimiento y la capacidad técnica del sector se traduzcan en oferta real, por lo que hay que derogar la ley de la vivienda.

Las ciudades que no generan vivienda suficiente no solo expulsan población, pierden talento, frenen su crecimiento y reducen su potencial económico.

España tiene capacidad técnica, conocimiento, empresas y financiación; lo que no pose todavía es una estrategia sostenida en el tiempo que permita transformar esa capacidad en oferta, más suelo activado, menos incertidumbre, mejor coordinación administrativa y unas infraestructuras que acompañen el desarrollo en lugar de frenarlo.

 

SE MODERA LOS PRECIOS EN LA UEM.

La inflación de la eurozona se moderó cuatro décimas en junio, hasta una tasa interanual del 2,8 %, en el que es el primer descenso en todo el año, según el dato preliminar publicado por la oficina comunitaria de estadística Eurostat.

La energía, impulsada por el encarecimiento de los combustibles derivado de la guerra en Oriente Medio, sigue siendo el componente con mayor tensión, con una tasa del 8,7 % en junio en comparación con el mismo mes de 2025 que, sin embargo, es casi dos puntos inferiores a la observada en mayo.

De hecho, casi todos los componentes moderaron su encarecimiento el pasado mes. El precio de los alimentos frescos aumentó un 3,2 % frente al 4 % del mes anterior, mientras que la de los servicios cayó tres décimas (al 3,2 %) y la de los alimentos procesados retrocedió una décima (al 1 %).

Los bienes industriales no energéticos fueron la única categoría que no vio descender su inflación y en su caso se mantuvo estable en el 0,9 %.

Así, la inflación subyacente que excluye del cálculo los componentes más volátiles como la energía y los alimentos y es la que utiliza el Banco Central Europeo (BCE) en sus decisiones de política monetaria, descendió dos décimas, desde el 2,6 % de mayo al 2,4 %.

Con estos datos Eurostat apunta la primera moderación de la inflación en todo 2026, cuyo repunte comenzó en enero con una tasa del 1,7 %.

El dato de junio, además, aleja la posibilidad de que el BCE adopte una nueva subida de tipos antes de fin de año, después de que la entidad los aumentase en 25 puntos básicos en junio. Aun así, la inflación de la zona euro se sitúa ocho décimas por encima del objetivo del 2 % que persigue el banco presidido por Christine Lagarde.

Por países, España es la economía con más inflación en el cuarto mes del año entre los cuatro grandes de la moneda común, con una tasa armonizada del 3,6 % que es superior al 3,1% registrado en Italia, el 2,4 % observado en Alemania y el 2 % que se anota Francia.

También es la única de las cuatro grandes cuya inflación no desciende y se queda estable con respecto a mayo, frente a los retrocesos de una décima, tres décimas y ocho décimas de Italia, Alemania y Francia, respectivamente.

 

PREOCUPACIÓN POR LA CAIDA DE LA PRODUCCIÓN FARMACEUTICA EN EUROPA.

La producción farmacéutica en Europa Occidental se contraerá un 2,7% en 2026, según prevé Crédito y Caución, como consecuencia de los efectos derivados del conflicto en Oriente Medio.

El sector experimentó un fuerte aumento del 14,6% en 2025, debido a una anticipación de la producción por la amenaza de nuevos aranceles. Sin embargo, el bloqueo del estrecho de Ormuz ha afectado al rendimiento del ámbito farmacéutico en Europa debido al aumento de los precios del petróleo y el gas, a algunas interrupciones en la cadena de suministro y al incremento de los costes de transporte. Todo ello se ha traducido directamente en mayores costes de producción y distribución de los productos farmacéuticos, sostienen los expertos.

Los fabricantes de medicamentos genéricos, así como las empresas de desarrollo y fabricación por contrato, han sufrido mayores presiones financieras, ya que a menudo operan en instalaciones que consumen mucha energía y no pueden repercutir fácilmente los costes en los productos debido a la normativa europea sobre precios de los medicamentos. Por el contrario, las grandes empresas farmacéuticas tienen más capacidad para absorber mayores costes y, hasta ahora, se han visto menos afectadas.

Cabe destacar que estas compañías cuentan con carteras de productos diversificadas y un mayor poder de fijación de precios. Otra clave, es que el sector se enfrenta a una importante expiración masiva de patentes que se prolongará hasta 2030, lo que afectará al volumen de producción de muchas empresas.

Asimismo, la inteligencia artificial debe impulsar la productividad en los próximos años, apoyando la fase preclínica y la I+D en la cadena de producción. No obstante, la expansión a largo plazo podría verse frenada por otros factores, como el recorte del gasto sanitario por parte de algunos gobiernos, lo que podría ocasionar un mayor control de precios; lo que podría afectar a las inversiones, debido a los elevados costes que conlleva el desarrollo de nuevos medicamentos.