Cambio de rumbo de la política monetaria
El Banco Central Europeo (BCE) acaba de cambiar su discurso. Durante semanas había insistido en que este shock inflacionario era temporal y puramente energético, por lo que subir tipos de interés tendría un impacto limitado en la parte positiva de lucha contra la subida de precios y sin embargo tendría un impacto negativo sobre el crecimiento económico, por lo que las subidas de tipos, aunque iban a llegar serían implementadas con precisión y cuentagotas. Ahora, parece que el BCE empieza a ver este fenómeno como un riesgo mucho más importante, y es uno de los más temidos por los bancos centrales. Cuando se desanclan las expectativas de inflación sucede algo similar a cuando se sale la pasta de dientes del tubo… devolver los precios a su cauce y la pasta a su lugar resulta muy difícil.
De este modo, ya no se puede ignorar el impacto inflacionario de la guerra en Irán, dado que las presiones inflacionarias se extienden más allá del sector energético y aumenta el riesgo de que las expectativas de inflación se desvinculen. Por ahora, el IPC en la eurozona se ha estabilizado en el 3,2%, 1,2 puntos por encima del objetivo. El riesgo de que la inflación se enquiste por encima del 2% está aumentando a medida que el precio del petróleo empieza a traspasar a las cadenas de valor y llega hasta el último bien de consumo o servicio de las economías.
Los daños a la infraestructura energética y a las cadenas de suministro globales ya han alterado la dinámica de precios de forma más duradera, lo que significa que los responsables de la política monetaria podrían tener que responder incluso si el conflicto terminara de inmediato.
Se genera de este modo, una suerte de espiral que alimenta todavía más la inflación y que hace mucho más difícil controlarla. En ese escenario, los bancos centrales suelen verse obligados a subir los tipos de interés de forma mucho más agresiva, lo que puede provocar recesiones, caídas del crédito y tensiones financieras. Por todo ello, tanto el BCE como otros bancos centrales consideran que mantener ancladas las expectativas es vital para mantener el objetivo de inflación.
Además, es probable que el aumento de las presiones sobre los precios al productor en China y otros países se extienda a las cadenas de suministro globales, impulsando la inflación de los bienes tras un período prolongado de crecimiento moderado de los precios de los productos manufacturados.
LA INFLACIÓN SE ESTABILIZA EN ESPAÑA POR LA BAJADA TRANSITORIA DE IMPUESTOS.
La inflación se mantuvo estable en mayo en el 3,2%, según el avance publicado por el INE, por el estancamiento de los precios de los alimentos y de la electricidad. El dato repite la tasa registrada en abril y llega solo unos días antes de la retirada de las primeras medidas para paliar el repunte de precios tras el shock energético derivado de la guerra en Irán.
Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados repuntó una décima en mayo, hasta el 2,9%.
La publicación de los datos por parte del INE llega solo unos días antes de la retirada de las primeras medidas del Gobierno. Tras la bajada de la factura de la luz en abril, el 1 de junio se inicia la desactivación gradual de las medidas sobre el Impuesto Especial sobre la Electricidad y el IVA aplicable a la electricidad, el gas natural, los pellets y la leña.
Las medidas fiscales sobre los carburantes, sin embargo, permanecerán vigentes hasta el 30 de junio. También continúan en vigor las medidas sectoriales: ayudas a agricultores y transportistas, así como los descuentos reforzados del bono social eléctrico (42,5% para consumidores vulnerables y 57,5% para vulnerables severos).
Según explica el INE, el IPC de mayo se ve impulsado al alza principalmente por el transporte. Este componente del índice agrupa todos aquellos gastos vinculados al vehículo personal —incluido el coste de la gasolina y el diésel—, además del consumo del transporte público y el gasto en desplazamientos a media y larga distancia. Por su parte, afectan a la baja el vestido y calzado, que disminuyen sus precios frente a la subida de mayo del año pasado.
NECESITAMOS ENDEUDARMOS MAS.
Según ha publicado el Banco de España en los Indicadores de Liquidez y Financiación de hogares y empresas, el impacto de la inflación sobre el consumo de las familias, la necesidad de pedir mayor importe en las hipotecas por el incremento del precio de la vivienda y la exigencia de una financiación más elevada por parte de las empresas ha disparado la concesión crediticia en marzo.
En el caso de la financiación a empresas, esta aumentó un 2,15% respecto a marzo del año pasado, hasta los 954.844 millones de euros, un incremento que fue del 1,4% con relación a hace un año. Por su parte, el crédito respecto a febrero se ha elevado en 8.743 millones, un 0,9% más en términos relativos. La financiación a las empresas en el mes de marzo creció a nivel interanual debido al crecimiento de los créditos de las entidades financieras y de los valores representativos de deuda, mientras que los préstamos del exterior siguieron cayendo en el tercer mes del año. En concreto, los préstamos bancarios a las empresas se situaron en 477.102 millones de euros en marzo, lo que supone una subida del 3%, mientras que los valores representativos de deuda subieron un 6% interanual, hasta los 153.345 millones. En cambio, los préstamos del exterior cayeron un 3% en un año, hasta los 324.397 millones.
El crédito concedido a las familias aumentó casi el 5% con respecto al mismo mes de un año antes, hasta los 720.875 millones de euros, su mayor avance interanual desde octubre de 2008, por la financiación al consumo, que creció un 12,57%, hasta los 117.351 millones de euros. La necesidad de financiación supera incluso el aumento registrado en febrero de 2020, justo antes de la pandemia del coronavirus, cuando el crecimiento interanual fue del 12,17%.
En la financiación de los hogares se incluye la destinada a vivienda a través de las hipotecas, que han crecido en marzo un 4,17% interanual, hasta los 521.526,6 millones de euros, su subida más elevada desde diciembre de 2008, justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.
Los datos del Banco de España confirman que el importe que las familias destinan a su hogar sigue ocupando la mayor parte de su endeudamiento, ya que supone en torno a dos tercios de este, mientras que mientras que los préstamos de las familias destinados a otros fines al margen del consumo alcanzaron los 77.207 millones de euros, lo que supone una caída del 4,1% respecto a un año antes.







