Demografía, productividad y PIB potencial: una revisión que exige más transparencia

La reciente revisión metodológica del PIB potencial de la economía española publicada por el Banco de España ha supuesto una revisión al alza significativa de las estimaciones de crecimiento potencial o máximo crecimiento futuro promedio. Según el nuevo ejercicio[1], el crecimiento máximo que puede alcanzar la economía española utilizando todos sus factores productivos en promedio para el periodo 2025–2028 se situaría en torno al 2,2% anual, una cifra sensiblemente superior a la estimada en ejercicios previos, concretamente, en torno al 1,3-1,5%.

Esta revisión tiene implicaciones relevantes para la evaluación del ciclo económico, la medición del output gap y, en consecuencia, para la orientación de la política fiscal en el nuevo marco europeo de gobernanza. El Banco de España basa su nueva estimación del PIB potencial en una función de producción de tipo Cobb-Douglas, coherente con los enfoques utilizados por la Comisión Europea y otros organismos internacionales. Sin embargo, introduce cambios relevantes: una estimación conjunta del mercado laboral mediante modelos BVAR con tendencias comunes, un ajuste explícito por utilización de la capacidad productiva, un tratamiento específico del shock provocado por la pandemia y una ampliación de la población activa.

Estas innovaciones buscan mejorar la separación entre componentes cíclicos y estructurales. No obstante, también aumentan la complejidad del modelo y, potencialmente, su sensibilidad a determinados supuestos no directamente observables. Precisamente, uno de los argumentos centrales del Banco de España para justificar la revisión al alza del PIB potencial es el dinamismo demográfico reciente, impulsado por flujos migratorios elevados y por una expansión más intensa de lo previsto de la población en edad de trabajar.

En la contabilidad del crecimiento presentada en el propio documento, la contribución del factor trabajo al crecimiento potencial en 2025–2028 se sitúa en torno a 0,7 puntos porcentuales anuales, sobre un total de 2,2 puntos. Es decir, aproximadamente un tercio del crecimiento potencial proyectado provendría del empleo. Desde este punto de vista, no puede afirmarse que el nuevo potencial descanse exclusivamente en la demografía. Sin embargo, un análisis dinámico revela una elevada sensibilidad del resultado a este factor.

Entre los periodos 2025–2028 y 2029–2035, el crecimiento potencial medio se reduce en 0,9 puntos porcentuales. De esta caída, alrededor de 0,6 puntos se explican por la desaceleración de la contribución del empleo. En otras palabras, dos tercios de la reducción del potencial futuro se deben al enfriamiento demográfico. Este resultado sugiere que la revisión reciente del potencial está fuertemente “anclada” a la prolongación de un escenario de expansión poblacional y elevada integración laboral de los nuevos flujos migratorios.

Sin embargo, este supuesto no está exento de riesgos. La experiencia internacional muestra que la absorción productiva de la inmigración depende críticamente de factores institucionales, formativos y sectoriales. Una integración incompleta puede traducirse en menores tasas de participación efectiva, mayor precariedad y baja acumulación de capital humano, limitando el impacto sobre el producto potencial.

Un aumento rápido del empleo potencial plantea inevitablemente la cuestión de la “dilución del capital”. Si el stock de capital productivo no crece al mismo ritmo que el factor trabajo, el capital por trabajador disminuye, presionando a la baja la productividad media. En el ejercicio del Banco de España, la contribución del capital y de su composición al crecimiento potencial se mantiene relativamente elevada (en torno a 0,9 puntos combinados en 2025–2028). Implícitamente, el modelo asume que la inversión futura será suficiente para acompañar el crecimiento del empleo.

Este supuesto resulta exigente en un contexto caracterizado por debilidades estructurales de la inversión privada, incertidumbre regulatoria y una lenta absorción de fondos europeos. La coherencia entre proyecciones demográficas, inversión y capitalización productiva merecería un análisis más detallado.

Por su parte, la Productividad Total de los Factores (PTF) ocupa un lugar central en cualquier estimación del potencial. En el enfoque adoptado, la PTF se obtiene como residuo de Solow, ajustado por la utilización de la capacidad, y posteriormente suavizado mediante un filtro Hodrick-Prescott para extraer su componente tendencial. Este procedimiento presenta tres problemas principales. En primer lugar, la corrección por utilización de capacidad depende de indicadores imperfectos y de supuestos sobre la “normalidad” del ciclo. Una infraestimación del componente cíclico puede trasladar parte del rebote postpandemia a la PTF estructural.

En segundo lugar, el uso del filtro HP introduce sesgos conocidos en los extremos de la muestra. En periodos recientes, caracterizados por perturbaciones excepcionales, el filtro tiende a reinterpretar cambios transitorios como permanentes. En tercer lugar, al ser un residuo, la PTF absorbe cualquier error de medición del capital, del empleo, de las horas trabajadas o de la calidad de los factores. A medida que se introducen más ajustes (composición, utilización, NAIRU), el significado económico del residuo se vuelve más difuso.

El propio documento muestra que la PTF pasó de crecer en promedio un −0,4% anual en 2000–2012, a un 0,1% en 2013–2019 y a un 0,3% proyectado para 2021–2028. Aunque estas cifras no son especialmente elevadas, su interpretación depende crucialmente del método utilizado. Cabe preguntarse hasta qué punto esta mejora refleja avances estructurales reales —digitalización, capital humano, eficiencia institucional— o una reasignación estadística del rebote cíclico.

El Banco de España señala que sus estimaciones son, en términos agregados, similares a las de la Comisión Europea y el FMI. En efecto, las previsiones de otoño de 2025 de la Comisión sitúan el crecimiento potencial de España en torno al 2,4–2,8% en el periodo 2024–2027. No obstante, la coincidencia en los resultados agregados no garantiza una coincidencia en los mecanismos subyacentes. Diferencias en el tratamiento del desempleo estructural, la utilización de capacidad o la PTF pueden generar trayectorias similares por vías distintas.

Este punto es especialmente relevante porque el output gap y el saldo estructural utilizados en el nuevo marco fiscal europeo dependen críticamente del PIB potencial. Si distintas instituciones asignan de forma diferente los componentes cíclicos y estructurales, las recomendaciones de política pueden divergir sustancialmente. En este contexto, utilizar la nueva estimación del Banco de España como sustituto directo de la metodología europea sin un ejercicio explícito de reconciliación resulta problemático.

En suma, la revisión del PIB potencial realizada por el Banco de España constituye un esfuerzo técnico valioso y aporta mejoras relevantes en la modelización del mercado laboral y del ciclo productivo. Sin embargo, el ejercicio muestra una elevada sensibilidad a supuestos demográficos y a procedimientos estadísticos de separación entre ciclo y tendencia.

En un contexto en el que el PIB potencial condiciona directamente la política fiscal, sería deseable acompañar estas estimaciones con descomposiciones explícitas de las revisiones, análisis de sensibilidad y escenarios alternativos que reflejen distintos supuestos sobre integración laboral, inversión y productividad. Solo mediante una mayor transparencia metodológica podrá evaluarse adecuadamente hasta qué punto el nuevo perfil de crecimiento potencial refleja un cambio estructural genuino o, en parte, una reinterpretación estadística del ciclo reciente.

 

[1] Rubén Domínguez-Díaz, Marta García-Rodríguez, Javier Quintana y Rubén Veiga-Duarte (2025): “Estimación del crecimiento potencial de la economía española: una revisión metodológica”, Banco de España, Documentos Ocasionales Nº 2604.