El sector exterior ya no impulsa el crecimiento

El crecimiento de la economía española ha estado sustentado por un sector exterior que ha presentado aportaciones positivas al PIB durante varios años, permitiendo que la economía haya crecido, incluso por encima de su potencial. Sin embargo, esta fórmula ha cambiado en los últimos trimestres, generando ciertas dudas en la sostenibilidad del modelo y comenzando a recordar al ciclo expansivo 1999-2007. El sector exterior ha dejado de aportar al PIB, mientras que el consumo, el turismo y el sector inmobiliario presentan una creciente participación en el crecimiento de la economía.

Las exportaciones de bienes y servicios suponen cerca del 37,1% del PIB, con 393.000 millones de euros de facturación en 2025. Si bien la cifra es algo menor que a Alemania y pequeños países muy dependientes del comercio como Irlanda o Bélgica, la realidad es que el peso es mayor que en países como Francia, el 34% del PIB o Italia el34% del PIB y por supuesto mucho más importante que EE. UU.

Aunque es cierto que cuando se habla de España se piensa en turismo, sol, playa y tal vez sectores como el automotriz, pasando por los productos más típicos como puede ser el famoso aceite de oliva. Sin embargo, el ‘porfolio internacional’ español es mucho más amplio de lo que puede parecer y se ha expandido fuertemente la última década. España es una auténtica potencia de los productos químicos y, sorprendentemente, de la energía, gracias a sus reexportaciones y capacidad de refino. También es un top 5 mundial de los azulejos, los componentes para coches y el sector farmacéutico.

El dinamismo del sector exterior se ha deteriorado. Si bien en 2024 se alcanzaron los 396.840 millones de euros, la realidad es que para el año 2025 se ha caído hasta los 394.362 millones de euros y eso que la inflación ha subido de forma considerable.

Estas cifras todavía indican que España es una potencia exportadora mucho más sólida que en el año 2019, antes de la pandemia, cuando apenas se ‘vendieron’ 298.896 millones euros por las exportaciones. Sin embargo, parece quedar lejos el alto crecimiento y que el sector exterior entra en una fase distinta. Detrás de este cambio de tendencia hay varios frentes, destacando algunos temporales y muy conocidos como los aranceles o un mundo en guerra. No obstante, algunos economistas ya empiezan a dudar de que estos sean el principal argumento para explicar el ‘frenazo’ y apuntan cada vez más a factores estructurales dentro de la propia España que podría haber permitido este punto de inflexión, e incidido en la pérdida de competitividad del sistema productivo.

El sector exterior tuvo una contribución negativa al PIB tanto en 2025 como en las previsiones de 2026, según el Banco de España y la Cámara de Comercio, siendo la demanda interna el motor casi exclusivo del crecimiento del 2,9% del PIB”.

“Esta nueva situación supone una señal de alerta: un modelo de crecimiento basado únicamente en consumo interno y turismo no es estructuralmente sostenible. El sector exterior había sido uno de los grandes motores de estabilidad económica española desde la crisis de 2008. Pensar en un crecimiento sostenible sin una contribución sólida de exportaciones sería muy complicado, especialmente porque sectores clave como la automoción, el agroalimentario, la industria química, los bienes de equipo, y la logística dependen enormemente de la demanda internacional, una demanda que se ha frenado por completo.

El crecimiento basado solo en la demanda interna, sobre todo en el caso de una economía con el tejido productivo como el de España, es un modelo que consume muchos recursos para una producción escasa y que termina generando desequilibrios. Como se está pudiendo comprobar en los últimos trimestres, la economía de España ya empieza a presentar de forma constante un diferencial de inflación positivo con Europa (alrededor de un punto porcentual) que va erosionando la competitividad de parte de los bienes y servicios que se producen en España. Al mismo tiempo, la baja productividad incrementa los costes laborales unitarios, lo que acentúa esa erosión de la competitividad.

Este tipo de crecimiento suele desembocar en un déficit comercial y por cuenta corriente, si la demanda interna crece más que la externo las importaciones terminan superando a las exportaciones que es necesario financiar, lo que incrementa la dependencia de la economía española del exterior; como sucedió en el ciclo previo a la crisis de 2008. Por eso, los ciclos de crecimiento equilibrados (la demanda externa tiene aportaciones positivas) deberían ser, en teoría, más largos y sostenibles. Mantener un superávit por cuenta corriente permite reducir la deuda externa neta y ser menos dependiente de las condiciones de financiación externas, lo que reduce las vulnerabilidades de la economía.

Los últimos datos de PIB publicados por el Instituto Nacional de Estadística confirmaban estos miedos. La economía se desaceleró en el primer trimestre del año y las exportaciones de bienes y servicios presentaron una tasa Inter trimestral negativa del -0,5%, lo que supuso 1,2 puntos menos que en el cuarto trimestre de 2025.

Actualmente sigue vigente un gravamen por parte de EEUU del 10% a nivel general y del 25% sobre el acero, aluminio, y automóviles; lo que ha provocado que las exportaciones de España a EEUU cayesen en 2025 un 8%, tocando los 16.716 millones de euros, 1.800 millones menos que el año anterior.

Con todo, el sector exterior parece enfrentarse a varios obstáculos que van a impedir que su aportación al PIB sea positiva por un tiempo. Aunque la economía de España presenta cambios importantes respecto a 2007, si la aportación negativa del sector exterior se prolonga durante años podrían reaparecer fantasmas del pasado a medida que el déficit por cuenta corriente se convierte en un mayor endeudamiento externo neto.

 

 SE REDUCE EN ALGUNAS ZONAS DE ESPAÑA EL PRECIO DE LA VIVIENDA.

El mercado inmobiliario español está empezando a mostrar un comportamiento un tanto dispar que está generando “dos Españas Inmobiliarias” muy diferenciadas. A priori sería lógico plantear la hipótesis de que la España que crece con fuerza y atrae población de dentro y de fuera es donde el precio de la vivienda sigue subiendo, mientras que la España que se desacelera está viendo un descenso de los inmuebles. Sin embargo, los datos establecen una realidad más compleja, que podría anticipar un cambio de dirección de los elevados precios que han alcanzado los inmuebles en buena parte de las ciudades españolas. Sigue subiendo en Madrid y Barcelona, y ha comenzado a registrar descensos en ciudades como Valencia o Valladolid que también atraen población.

La tendencia general sigue mostrando una demanda intensa de viviendas, aunque a un ritmo menor. Las condiciones financieras se endurecen, la inmigración sigue llegando, pero se atisba cierta desaceleración. Según el Instituto Nacional de Estadística: las ventas de viviendas retrocedieron un 2,6% en el primer trimestre.

Todo ello podría empezar a quedar reflejado en unos precios de la vivienda que seguirán al alza de forma general y agregada, puesto que el déficit de vivienda sigue aumentando, pero que perderá impulso ante la incapacidad de una porción cada vez mayor de la población de acceder a un inmueble. Parte de esta pérdida de impulso podría estar empezando a verse en aquellas ciudades que presentaban unos fundamentales menos sólidos, es decir, en las ciudades donde la oferta no se había quedado tan atrás respecto a la demanda.

En un reciente informe de Oxford Economics la parte de subida que no obedece a los fundamentales y que se deriva de la pura especulación han tenido cada vez más importancia en las elevaciones de precios, lo que, a la inversa, agudiza las probabilidades de una desaceleración brusca si los actores del mercado intuyen que el futuro va a cambiar. Desde la casa de análisis británica preveían una desaceleración hasta subidas del 5% a lo largo de 2027 tras el 11% proyectado para este año.

Es verdad que muchas provincias y ciudades poseen una realidad estructural casi innegable, como es el envejecimiento de la población, la pérdida de habitantes jóvenes y la menor llegada de inmigración y actividad económica, por lo que la demanda de vivienda es mucho más débil y el atractivo laboral de estas ciudades continúa deteriorándose.

También es coherente la tendencia alcista en las grandes ciudades de España donde el comportamiento cambia radicalmente porque siguen concentrando empleo, turismo o crecimiento poblacional. Madrid continúa mostrando una enorme fortaleza con un incremento del 4,2%. No obstante, algunas ciudades de la España despoblada también presentan avances muy importantes en los precios, pero que en buena parte se debe a que la vivienda apenas se ha ‘movido’ durante años en estas zonas. Teruel encabeza las subidas interanuales con un avance del 6,92%, seguida de Ciudad Real un 6,82%.

Solo el dato de abril no es nada representativo, pero sí podría dar algunas pistas sobre el posible enfriamiento del mercado inmobiliario en España a medida que la accesibilidad a la vivienda se deteriora, puesto que ya se necesitan ocho años de salario para comprar una vivienda en España, mientras que en las grandes ciudades este ratio sube entre 12 y 18 años, mientras que el Euribor empieza a repuntar.

Aunque el precio medio nacional sigue creciendo un 3,24% interanual y alcanza los 2.442 euros por metro cuadrado, el ajuste que ya se aprecia en buena parte de las capitales podría ser una señal temprana de agotamiento de la demanda que pronto podría propagarse a otras partes del país.

 

 ALTOS COSTES MEDIOAMBIENTALES PARA EL SECTOR FARMACEUTICO.

El desarrollo sostenible es un difícil equilibrio entre cohesión social, protección del medio ambiente y crecimiento económico, si se incide en exceso en uno de los vértices el modelo puede colapsar.

Es lo que puede provocar el anteproyecto de ley que adaptará a la legislación española la nueva directiva europea sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas. La norma, actualmente en fase de consulta pública, abre un importante frente económico para la industria farmacéutica y cosmética, que deberá asumir, al menos, el 80% del coste de eliminar determinados contaminantes presentes en el agua. La factura podría alcanzar los 400 millones de euros anuales.

La directiva europea busca reforzar los sistemas de depuración para garantizar que el agua que regresa a ríos y mares lo haga en mejores condiciones. Para ello, Bruselas ha identificado una serie de micro contaminantes, todos ellos vinculados a medicamentos, productos cosméticos y de higiene, que deberán eliminarse mediante depuración cuaternaria. Aunque en España toda el agua residual se depura, el nivel de tratamiento no es homogéneo.

Según estimaciones del sector farmacéutico, en 2025 se invirtieron unos 4.000 millones en la depuración del agua. Sin embargo, para cumplir con todas las exigencias europeas, incluida la nueva directiva, sería necesario duplicar esta cifra. La nueva directiva se apoya en el principio de “quien contamina paga”.

La denominada Responsabilidad Ampliada del Productor. “La aportación de la industria farmacéutica y cosmética se ha calculado en 400 millones de euros anuales”. El mayor impacto recaería sobre los laboratorios de fármacos genéricos, a quienes correspondería asumir cerca del 60% de los costes por su elevado volumen de producción; lo que podría provocar la retirada del mercado de terapias esenciales.