Lento crecimiento de la Eurozona
La economía de la Zona euro mantiene bajos ritmos de crecimiento, y se encuentra especialmente expuesta al shock de oferta negativo que ha provocado una fuerte subida del precio de los hidrocarburos como consecuencia de la guerra de Irán, puesto que depende mucho no solo del petróleo, sino también del gas natural. En función de la duración del conflicto su crecimiento e inflación se resentirán más o menos negativamente, respecto a unas previsiones de crecimiento realizadas antes de comenzar el conflicto, muy moderadas.
Se preveía un crecimiento Inter trimestral a lo largo de este año 2026 de tan solo el 0,3%, para situarse en el conjunto del año en un aumento anual del PIB del 1,3%, tras el 1,5% de 2025; con una inflación prevista antes de la subida del precio de los hidrocarburos, del 2% para el conjunto del año.
Este objetivo solo se conseguiría si Alemania impulsa su crecimiento por encima del 1% anual, si implementa su ambicioso programa de inversiones públicas, tanto en infraestructuras como en defensa.
Tanto Francia como Italia podrían crecer tan solo un 1% el primero y un 0,8% el segundo, por lo que apenas impulsarán la economía de la UEM.
En caso de tener unos precios de los hidrocarburos altos, si la guerra se prolonga, el crecimiento puede verse reducido en unas cuatro décimas y la inflación superara la cifra prevista.
Por lo menos, ante la evidencia del shock negativo provocado por la subida del precio de los hidrocarburos, se ha reconocido la necesidad de impulsar la energía nuclear y de no volver a reproducir el error pasado de prescindir de ella, como el cierre de las centrales de fisión en Alemania y el anunciado en España.
CAMBIO EN LA POLITICA MONETARIA BCE.
La fuerte dependencia europea del petróleo y también del gas natural, nos hace especialmente vulnerables a las elevaciones de los precios de los hidrocarburos.
El Banco de Francia ha estimado que, por cada subida de 10 dólares del precio del barril de crudo, sostenido en el tiempo, el efecto inflacionista no evitable es de cuatro décimas, que puede ser superior si se produce una espiral inflacionista de precios y salarios, o “efecto segunda ronda”.
Al finalizar el pasado mes de febrero, el IPC de la zona euro se había situado en el 1,7%, es decir por debajo del objetivo de estabilidad de precios fijado por El Banco Central Europeo, en el 2%, por lo que se preveía una bajada de tipos, respecto al 25 actual.
Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente a raíz del comienzo de la Guerra de Irán, según la estimación de los mercados financieros, que ya anticipan una subida de los tipos de intervención de 25 puntos básicos en el próximo junio, y otra similar a finales de año, si se prolonga el conflicto bélico.
De producirse esta subida, sería la primera del BCE en tres años y un cambio radical en la política monetaria actual, además significaría una respuesta rápida y no retrasada respecto al repunte de la inflación, como sucedió en el año 2022.
Los propios miembros del consejo del BCE tienen posiciones contrarias a esta decisión. La representante de Alemania, Isabel Schnabel, considera que no hay que tocar los tipos de interés a pesar de la incertidumbre a corto plazo. La mayoría de los miembros del consejo de gobierno del BCE apoyan esta postura, por lo que habrá que esperar a la evolución de la inflación después del verano; si bien el BCE ya se prevé que si se prolonga el conflicto el IPC de la UEM podría alcanzar el 6%.
En cualquier caso, ya ha mantenido los tipos en la última reunión del BCE, aunque el lento crecimiento de la Zona Euro y el de apalancamiento de las empresas y familias, limitan las subidas.
LOS ARANCELAS SIGUEN PENALIZANDO EL COMERCIO INTERNACIONAL.
El crecimiento mundial depende de diferentes factores, entre los que se encuentran las ganancias de productividad y competitividad, el desarrollo de nuevos países, la estabilidad económica, las expectativas positivas, las condiciones financieras favorables, etc…; sin embargo se pueden producir algunos procesos no previstos que súbitamente deterioran la realidad mundial y que se denominan “cisnes negros”; estos son shock de oferta negativos, imprevisibles y que provocan efectos muy perniciosos sobre la actividad económica. El más famosos fue el del 1973, como consecuencia de La Guerra del Yom Kippur, los países de la OPEP decidieron emplear por vez primera el petróleo como arma política de gran alcance, con lo que los precios del crudo se elevaron súbitamente un 350%; lo que provocó una profunda crisis de estanflación a nivel mundial que se prolongó durante toda la década, tal y como podría repetirse por la actual guerra en Irán.
Además, la elevación nuevamente de los aranceles, a pesar la resolución de La Corte Suprema en contra los primeros, el fuerte aumento de la incertidumbre y del riesgo regulatorio, han provocado ya una importante salida de capitales de Estados Unidos lo que ha debilitado el dólar, frente a la apreciación que provoco el triunfo electoral de Trump en noviembre pasado. El debilitamiento del dólar es probablemente un efecto buscado por la actual administración republicana., La OCDE estima que el comercio internacional se puede deteriorar en un punto y que la economía mundial podía crecer un 2,9% este año, 0,2 puntos menos de lo previsto antes de la política arancelaria.
Pero sin lugar a duda, el país más perjudicado es el propio Estados Unidos. “El proteccionista en el pecado lleva la penitencia”, que verá cómo se puede incrementar el IPC hasta el 4% según algunas estimaciones, por el incremento de costes de las importaciones y por el propio recorrido al alza de los precios internos. Con estos efectos, se reduce el poder adquisitivo de los ciudadanos norteamericanos, y también la competitividad de sus empresas, lo que incidirá negativamente en sus exportaciones y consecuentemente en el empleo y en el crecimiento.







