Europa crece por encima de su potencial

La economía de Europa se encuentra en un momento estructural que se puede definir como decadente. Sin embargo, dentro de esta tendencia subyacente que no es nueva hay ciertos momentos o subtenencias cíclicas (subidas y bajadas) que determinan cuánto crece el PIB en un trimestre o un año suelto. Dentro de estas últimas, los analistas no parecen dar crédito, justo cuando las dos grandes amenazas o puntos débiles de la economía europea están interactuando.

La energía está muy cara y el comercio internacional está reduciéndose, con China expulsando a los bienes y servicios europeos, por un lado, y por otro los aranceles y el proteccionismo.

El crecimiento de la zona euro se situó en el 1,2% interanual en el segundo trimestre de 2026. Este ritmo se aproxima al registrado en 2025 (1,4%) y supera el de 2024 (0,9%). ¿Qué hay de raro en estos datos? Los precios del petróleo han aumentado con fuerza en el último año (desde 60 dólares por barril a finales de 2025 hasta los 100 dólares actuales), al igual que los precios del gas natural (desde 30 euros por megavatio hora a finales de 2025 hasta 71,3 euros el 28 de septiembre de 2026). Este incremento de casi el 100% en el precio de los combustibles fósiles importados ha reducido la renta real de la zona euro en una cantidad equivalente al 2% del PIB. Por tanto, cabría haber esperado que la zona euro cayera en una recesión o al menos en una suerte de estancamiento este 2026, especialmente teniendo en cuenta que también han aumentado los tipos de interés reales a largo plazo. Sin embargo, el crecimiento ha resistido.

La economía de la zona euro está protagonizando una resistencia que empieza a resultar difícil de explicar únicamente por los modelos tradicionales”. El nuevo shock energético provocado por la guerra en Oriente Medio, el encarecimiento del petróleo y el gas y unas turbulencias comerciales que amenazan uno de los motores históricos de Europa (su superávit exterior) parecían ingredientes suficientes para devolver a la región al estancamiento o la recesión.

Sin embargo, el golpe está siendo bastante menor de lo esperado. Se espera ahora que el PIB de la UEM crezca un 1,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, por encima del crecimiento potencial que estima en apenas un 1%.

La pregunta es qué está sosteniendo a una economía que vuelve a pagar cara la energía y que, además, tiene al BCE endureciendo nuevamente la política monetaria. Lo cierto es que desde hace tres o cuatro años el crecimiento real viene siendo sistemáticamente superior al que justificarían sus principales fundamentales. Para intentar descifrarlo, algunos economistas utilizan un modelo denominado PSR (Potential, Shocks and Residual) que parte de ese crecimiento potencial del 1% y añade ocho grandes fuerzas: ciclo mundial, política monetaria y fiscal, tipo de cambio, materias primas, crédito y confianza, además de un residuo que recoge aquello que el modelo no consigue explicar. Uniendo todos estos factores y ‘metiéndolos’ en un modelo econométrico, los analistas del banco americano aseguran que el PIB apenas debería crecer el 0,8% en 2026, sin embargo, la eurozona va camino de crecer un 1,3%.

La solución a esta paradoja de debe al enorme nivel de ahorro de los europeos que está permitiendo que los consumidores sigan pagando gasolina, luz y gas sin tener que reducir los gastos en otras partidas. Esto, junto a unos déficits públicos crecientes (el mayor gasto público estimula la economía), está dando lugar a un crecimiento moderado pero significativo, en medio de una crisis energética y un menor dinamismo de las exportaciones.

Sin embargo, el efecto negativo de las materias primas irá aumentando durante los próximos meses hasta restar alrededor de 0,6 puntos porcentuales anualizados al crecimiento en el cuarto trimestre de 2026. Se estima que “un aumento de un punto porcentual de la inflación general procedente de la energía y/o los alimentos reduce el crecimiento en 0,35 puntos porcentuales”. El problema se agrava porque el shock energético puede obligar al BCE a seguir subiendo los tipos, puesto que cada incremento adicional de 25 puntos básicos resta otros 0,08 puntos al crecimiento anualizado, según sus estimaciones. La resistencia europea, por tanto, no consiste en que el petróleo haya dejado de importar, sino en que otras fuerzas están compensando una parte sorprendentemente grande de su impacto.

Además, las empresas ampliaron fuertemente sus márgenes durante la inflación de 2022 y 2023, mientras que posteriormente los salarios recuperaron parte del terreno perdido, manteniendo durante más tiempo de lo habitual el crecimiento de la renta de los hogares.

A ello se unen unas tasas de ahorro todavía elevadas. Esas posiciones financieras relativamente saneadas “pueden haber ayudado a absorber parte del shock energético” del segundo trimestre de este año. Dicho de otra forma, cuando sube la gasolina, la electricidad o la calefacción, una familia con ahorro acumulado no necesita recortar inmediatamente el restaurante, las vacaciones o la compra de un coche; y una empresa con buenos márgenes puede absorber temporalmente parte del incremento de sus costes sin paralizar inmediatamente inversión y empleo. Ese mecanismo está suavizando la transmisión del petróleo hacia la economía real.

Asimismo han aumentado las políticas fiscales expansivas, el déficit público, se ha incrementado desde el 2,9% del PIB en 2025 hasta alrededor del 3,2% en 2026, debido particularmente al incremento del gasto militar y en infraestructuras en Alemania; el apoyo a la actividad proporcionado por el plan Next Generación de la Unión Europea; y la caída de la tasa de ahorro de los hogares, desde el 15% en el segundo trimestre de 2025 hasta el 14,3% en el segundo trimestre de 2026, tienen la respuesta al enigma de la resistencia europea.

Las fuentes de esta resistencia deben ser motivo de preocupación por el aumento del endeudamiento público y por la reducción del ahorro de las familias.

De hecho, algunos indicadores de consumo comenzaron a debilitarse al inicio del tercer trimestre. El escenario central de la mayoría de los analistas establece que los precios del petróleo y del gas permanecerán elevados durante el resto de 2026, pero posteriormente retrocederán hasta aproximadamente 70 dólares por barril y 40 euros/MWh a mediados de 2027. Si eso sucede, el viento cambiará rápidamente de dirección. El lastre de 0,6 puntos provocado por las materias primas a finales de este año se transformaría en una aportación positiva de 0,3 puntos a finales de 2027. Si el petróleo permanece mucho más tiempo alrededor de los niveles actuales, en cambio, una parte importante de esa previsión quedaría en entredicho.  

 

SE DISPARA LA INFLACION EN LA UEM

La inflación de la eurozona acelera al 3,8%, con España en el 5% y líder entre las grandes economías. Los precios crecieron en septiembre seis décimas por encima de la subida de agosto.

La inflación en la eurozona acelera y se sitúa ya en el 3,8%, seis décimas por encima de la subida de los precios registrada en agosto, según la lectura preliminar del dato publicado por Eurostat. Esto puede impulsar al Banco Central Europeo, BCE, a plantear una nueva subida de los tipos de interés, tras elevarlos dos veces, 25 puntos básicos cada una, hasta el 2,5% a principios de septiembre.

El avance del último mes supone el mayor encarecimiento de los costes en la región desde septiembre de 2023, cuando la subida fue del 4,3%. La aceleración de la inflación en la eurozona refleja el encarecimiento interanual del 18,8% de la energía, frente al 14,3% del mes anterior; mientras que los alimentos frescos han subido un 4%, frente al 2,7% del mes anterior.

La tasa de inflación subyacente, que además de la energía también deja fuera el impacto de los alimentos frescos, el alcohol y el tabaco, ha repuntado al 2,5% desde el 2,4%.

 

LA INDUSTRIA FARMACEUTICA EUROPEA TAMBIEN PIERDE COMPETITIVIDA

La producción farmacéutica de Europa occidental caerá un 2,7% en 2026, según las previsiones de Oxford Economics. El retroceso llegará después del aumento excepcional del 14,6% registrado en 2025, que llevó la producción del sector hasta los 505.000 millones de euros en 2025, impulsada en parte por el adelanto de fabricación y exportaciones ante las amenazas arancelarias estadounidenses. La corrección afecta de forma especial al continente, que debe todavía decidir cómo conservar sus fábricas en la reforma farmacéutica lanzada en 2023 mientras compite con Estados Unidos y China por las siguientes inversiones. La reducción se debe a la caída prevista por la normalización de aquella producción adelantada, como al incremento de los costes de fabricación. Determinados principios activos y productos químicos se han encarecido entre un 20% y un 30%, mientras la energía, el transporte y los inventarios estrechan los márgenes. Los fabricantes de genéricos y las compañías que producen para terceros son las compañías más vulnerables de la cadena porque tienen menos capacidad para repercutir esas subidas.

Más allá de estas tendencias, la competencia por las plantas ya está influyendo en las decisiones empresariales. Los presidentes de nueve grandes farmacéuticas europeas advirtieron este mes de que en EEUU y China se han estimado en más de 600.000 millones de dólares de inversión farmacéutica durante los dos últimos años, un volumen que indica hacia dónde fluyen los nuevos proyectos.

Washington ha convertido así el acceso a su mercado en una herramienta industrial. Su política arancelaria sobre medicamentos patentados contempla un tipo del 15% para productos procedentes de la UE, con tratamientos específicos y exenciones para determinados productos y empresas. La Administración estadounidense vincula así ventajas arancelarias a compromisos de producción local sujetos a seguimiento.

China, por su parte, ha escogido otra vía; su Gobierno sitúa la biomedicina entre las industrias estratégicas que quiere desarrollar en 2026. En Jiangsu ha aprobado un plan para reforzar conjuntamente la investigación, las autorizaciones, la producción, la distribución y las políticas de compra de productos biofarmacéuticos. La ambición alcanza toda la cadena de valor y busca consolidar polos industriales capaces de investigar y fabricar.

Por su parte, Europa también está reaccionando, pero lentamente con un calendario de reformas difícil de conciliar con la velocidad de las decisiones de inversión. La Comisión presentó su paquete farmacéutico en abril de 2023. Y, tres años después, el Consejo lo ha adoptado a finales de este septiembre, y todavía falta la aprobación del Parlamento Europeo y su publicación oficial.

El texto prevé, con excepciones, que el reglamento comience a aplicarse 24 meses después de su entrada en vigor, un tiempo excesivo a la luz de la velocidad legislativa y política imprimida en los otro dos grandes bloques.

La reforma europea exigirá en este sentido planes de prevención de desabastecimientos que identifiquen fabricantes de principios activos y de producto terminado, ubicación de plantas y dependencias de la cadena de suministro.

También permitirá reclamar cantidades suficientes de ciertos medicamentos protegidos para cubrir las necesidades de los pacientes. Estas exigencias pueden favorecer inversiones en capacidad alternativa y cadenas más resistentes. La iniciativa que aborda de forma más explícita la fabricación europea de medicamentos críticos y principios activos es la Ley de Medicamentos Críticos. Su acuerdo provisional introduce criterios de garantía en las compras públicas y busca reforzar la capacidad productiva dentro de la UE, aunque esta norma también está pendiente de adopción definitiva.

Ese desfase entre la propuesta y la ejecución afecta a España, cuenta con más de 110 plantas de medicamentos de uso humano, exporta productos farmacéuticos por más de 20.000 millones de euros y emplea directamente a más de 56.000 personas en el sector, según Farmaindustria. Tiene una base desde la que competir, pero también debe evitar que las futuras ampliaciones de capacidad se asignen a otros mercados.

Un estudio publicado en Health Policy, con participación de actores españoles, franceses y austríacos, concluye que recuperar en Europa la fabricación de principios activos es posible bajo determinadas condiciones, aunque los costes y la rentabilidad siguen siendo obstáculos decisivos. Europa puede conocer cada vez mejor sus dependencias y seguir perdiendo inversiones si no logra que fabricar localmente resulte viable. La caída prevista para 2026 hace más urgente convertir sus nuevas reglas y sus proyectos industriales en decisiones efectivas.